Poema: El difunto

Órbita Literaria

Por Constanza Biagini 


Abrió la cortina, seguía lloviendo. Las gotas acariciaban las hojas que al caer, parecían susurrarle palabras al oído. Abrió la ventana, en poco segundos la cortina bailaba un apasionado tango con el viento. El tiempo pasaba, mientras sus ojos se inundaban de amor. De pronto alcanzó a percibir una borrosa silueta que mezclada en las tinieblas, se distinguía de a poco, la niebla y el sonido de la lluvia, se tiñeron de recuerdos, recuerdos que parecían enterrados como esa figura que se acercaba, que bien podría ser un muerto en vida:

– »El juego de los espectros» pensó.

En medio de su divagación, no se dio cuenta que tenía al desconocido delante de ella, ¿hace cuánto la estaría observando? su mirada sería tan intensa como la del desconocido? Fuese como fuese, los ojos de ambos parecían amarrados por una extraña fuerza, se unían, juntos construían un camino desolado, un pantano de hielo; era sólo una mirada, pero en ella se juntaban todos los inviernos que perpetuaron en una terrible letanía, la muerte del difunto.

Él siguió su camino, ella lo vio alejarse, hundirse rápidamente en medio de las tinieblas, hasta hacerse invisible. Sus manos temblaron, el corazón palpitó más rápido, como si se llenara de angustia y rabia, pero a la vez era como si ese amor que pensó contemplar mientras miraba la lluvia, se lo hubiera tragado de pronto, y en un corto instante hubiera sido parte del hermoso espectáculo invernal.

-Un café- se dijo en un suspiro.

Corrió a buscarlo, la cortina no dejó de bailar. La taza trizada, la taza humeante, le recordó a las chimeneas de las casas vecinas. El primer sorbo, se sintió bajar rápido por la garganta e inundó su cuerpo de calor. Las lágrimas aguaban al segundo, que sabía salado y amargo. Lloraba, como queriendo incorporarse a las gotas que se deslizaban por la ventana, tal vez esas gotas alcanzarían a la encorvada figura, ¿encorvada?

Sí, en su ausencia la distinguía con más claridad, recordó sus ojos azules, gélidos y temerosos; bajo un chaquetón café, alcanzó a percibir una mano escurridiza que se parecía a la mano agonizante que alguna vez estrechó la suya. El difunto no dejó que fuera sólo una espectadora, en un puente de unión infinita, bailaron también como lo hacían la cortina y el viento.

Con estruendo caía la lluvia, lo bañaba todo como una gran orquesta. Sin embargo, de forma gradual, el entorno se enmudecía y alejaba.
Él último sorbo de café, resonó inmenso en el silencio.
Se asomó a  la ventana, seguía lloviendo…


 

Constanza Biagini es cantante lírica, cuentista y poetisa chilena.

 

 

 

 

 

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