Cierre de campamentos: una tarea con sentido de urgencia

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Por Guillermo Rolando  Guillermo Rolando


En los últimos días, la Fundación TECHO ha presentado los resultados de su nuevo catastro de familias que viven en campamentos, donde han aumentado de manera dramática en el país. Más allá de algunas diferencias metodológicas, el diagnóstico como Ministerio de Vivienda y Urbanismo es totalmente compartido con más de 20 años de trabajo en estas temáticas.

Antes de analizar posibles causas y proponer soluciones, es importante ahondar algo más en el diagnóstico. Quienes hoy viven en campamentos, en su mayoría arrendaban con mucha dificultad, o vivían de allegados o estaban en condiciones críticas de hacinamiento, de modo que lo que podríamos llamar campamento invisible está totalmente ligado con la generación y aumento de los campamentos visibles. Por ende, el rol del Minvu es trabajar con la misma fuerza con ambos.

Respecto a las razones, éstas son varias: pérdidas de ingreso de muchas familias, flujo migratorio vulnerable de los últimos años (el año 2011 el 1% de los hogares en campamentos tenía un jefe o jefa de hogar extranjero, a diferencia del 30% de hoy).

Pero otra causa muy incidente, probablemente la principal, se da en las comunas donde al Minvu le había costado mucho construir proyectos de vivienda. La relación es absolutamente lineal: comunas donde se ha construido un número reducido de viviendas en la última media década respecto al déficit habitacional comunal, son territorios donde el incremento de familias en campamentos ha sido más fuerte. Es decir, el mejor predictor de aumento de tomas lo tenemos en el Minvu. Comunas tales como Antofagasta, Copiapó, San Antonio, Temuco, Osorno, Viña del Mar y Lebu son un claro ejemplo de este análisis.

Por ende, la gestión de suelo en estos territorios, acompañado de planes especiales por cada una de éstas y otras zonas han sido los pilares de trabajo desde hace un año. Para lograr nuevas herramientas en gestión de suelo, se convocó a una serie de mesas de trabajo durante el año 2019.

Hoy la gestión de suelo urbano se ha trasformado en uno de los ejes centrales en cómo enfrentar el escenario actual.

Si bien se han desarrollado una serie de instrumentos y programas nuevos asociados a la gestión de suelo, estos mecanismos se dividen en tres: adquisición de manera directa, co-esfuerzo junto a los comités de vivienda (mayor ahorro que gatilla un mayor subsidio para la compra de suelo) y gestión de suelo público en acuerdo con otras entidades públicas (Ministerio de Bienes Nacionales, EFE, Fuerzas Armadas, INIA, entre otros).

Luego de más de un año de trabajo, se presentaron hace algunos días los 120 terrenos que se han logrado gestionar a lo largo del país, lo cual le dará un dinamismo muy relevante a la generación de nuevas soluciones habitacionales para las familias más vulnerables del país.

Estos nuevos terrenos adquiridos por el Minvu, se suman a terrenos de propiedad de la cartera tales como La Platina (La Pintana), Cerrillos y Alto la Chimba en Antofagasta, de modo que el gran foco para este año es acelerar todos los procesos de desarrollo de proyectos para iniciar obras de manera masiva en estos terrenos a fines de este mismo año.

Hace algunas semanas, como Minvu lanzamos el Plan “100 + 100” para trabajar en campamentos, el cual tiene dos ejes centrales: aumentar la capacidad de cierre de campamentos por año de 65 a 100 y trabajar por primera vez como Minvu en la habitabilidad primaria, es decir, en cómo lograr estándares mínimos de condiciones de vida, mientras se espera por la solución definitiva. Acceso al agua, luminaria con paneles solares, manejo de basuras y salubridad en general, entre otros temas.

Todo este trabajo se realiza bajo el sello que nadie se salte la fila, es decir, la prioridad la tienen aquellos grupos que llevan más tiempo trabajando por obtener una solución habitacional.

Se han ido generando herramientas nuevas, planes zonales, dentro de un esquema donde la calidad de las viviendas, las dimensiones, áreas comunes, entre otras características, han mejorado mucho durante la última década.

Pero, con más de medio millón de hogares en déficit, la pregunta obligada que viene es: sin perder calidad y manteniendo los esfuerzos por buena localización, cuál debiera ser la capacidad permanente del Minvu para reducir con fuerza el déficit habitacional de nuestro país en un tiempo acotado. Para responder esta pregunta se requiere un gran acuerdo de muchos actores. Por lo pronto, a pesar de la pandemia, seguimos trabajando con urgencia la ejecución del 102% del presupuesto del año pasado, como el Ministerio con la mayor ejecución porcentual es una muestra que se pueden lograr grandes resultados en épocas complejas para todos.

 

 

 

 

 

 

 

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